En casa todos lloraban y yo todavía no me había ido. No podía irme aún. El doctor no mintió con los síntomas; ciertamente hoy amanecí un poco más cansada de lo que me he venido sintiendo estos últimos 3 meses. Mis pulsaciones eran un susurro en medio del escándalo, pero seguía viva y debía permanecer así hasta las 22pm del día de hoy.
Convencer a mis padres que me dejaran salir hoy fue un reto difícil, sobre todos porque casualmente ellos querían compartir todo el tiempo conmigo desde aquel día de verano, cuando ellos nunca realmente estuvieron a mi lado en el momento que realmente lo necesitaba. Cretinos.
Se podía respirar y leer la palabra tristeza en la frente de cada una de las personas que habían asistido a mi casa el día de hoy; parientes lejanos que nunca en mi vida había visto hoy hicieron acto de presencia. Es impresionante como la muerte junta las brechas que hay entre las personas. Pero no me sorprende porque yo he visto mucha hipocresía y gente que actúa por convencía saliendo y entrando en mis 19 años de vida.
Me he convencido de no llorar, porque no quiero sumar una lágrima más al río que habrá quizás mañana, tampoco me vestí de negro porque no me siento triste o de luto en lo absoluto. Por el contrario me puse mi lindo vestido jade de encaje con unos botines de tacos medianos.
Todos hablan a mí alrededor y me preguntan cómo estoy, lo que resulta ser la pregunta más estúpida e imprudente que he podido llegar a escuchar en todo mi vida. No gasto ni una fracción de mi poca energía en responderles, primero porque no quiero, segundo porque he estado guardándola para esta noche. Porque al fin lo veré. Estoy tan emocionada que temo que la sobrexcitación me juegue mal y no terminé yendo a ningún lugar que no sea un cajón.
Por la puerta cruza la única persona que ha estado presente todo ese tiempo, antes y después de que mi vida cayera por el precipicio, ella sonría tan amplio que no pude reprimir mis ganas de sonreír tan bien; ella tenía los ojos tan aguados que sabía que ha estado llorando desde ayer. No pude evitar que los míos se cristalizaran también porque la perdería, ella me perdería. Nos perderíamos. Pero no era tiempo de llorar.
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