Kristen
sin duda se ganó el premio a la mejor persona en el mundo entero.
Todavía recuerdo la primera vez que la conocí en el jardín de infantes.
Ella era nueva en la ciudad y obviamente estaba demasiado tímida; su
melena chocolate estaba recogida en dos coletas, una de cada lado de la
cabeza, sus grandes ojos miel miraban a todos lados y su pequeña boca
estaba empuñada. Ella quería llorar
apenas entró al aula, pero no fue hasta que Brandon, un estúpido chico
travieso del salón come goma, le jaló el pelo que ella se rindió al
llanto. Yo me había acercado a ella después de acusar a Brandon con la
profesora y le regalé un chupetín de cereza que mi nana siempre me
guardaba en la lonchera porque sabía que era mi favorito. Desde ese día
habíamos hecho una promesa en silencio. “Por siempre y para siempre”.
Y así se resumía nuestra amistad, que yo lo veía como una hermandad.
Estuvimos la una para la otra cada día de estos 14 años. Y en el camino
hubo fallas, errores, lágrimas y palabras dichas que nunca quisimos
decir realmente, pero todo eso nos mantuvo fuertes. Y por encima de toda
la hipocresía, los malos momentos, el odio, la obscuridad, ella era lo
único que brilla en mi vida. Desde aquel día de verano habíamos decidido
vivir juntas, porque nos íbamos a necesitar, yo a ella, ella a mí. Nos
mudamos a un pequeño piso al occidente de la ciudad, muy bonito en
realidad y lo decoramos como quisimos. Ella trabajó todo este tiempo por
mí y nos mantuvo, pagó el arriendo de la casa, pagó los servicios y la
comida. También pagó el boleto a mi felicidad absoluta.
Y mientras
decorábamos la pancarta para esta noche, podía escuchar el ruido en su
cabeza, sé que ella la está pasando mal con todo esto, una parte de mí
también la está pasando mal también; pero no me puedo abandonar a la
tristeza porque sería lo peor para ambas. Y si ella no es fuerte, yo lo
seré por las dos y si yo muero esta noche ella vivirá por mí el tiempo
que quede de su vida.
Un pequeño sollozo y sé que ella no pudo
mantenerse firme un minuto más, me encuentro a mi abrazándola demasiado
fuerte, mientras miro por la ventana que da a la calle, ella se aferra
de mí y yo profundizo el agarre, aunque eso signifique gastar un 90% de
mi energía.
El sol se oculta debajo de los picos de los árboles que
se llegan a ver desde nuestro apartamento, la oscuridad inunda la ciudad
que prende sus luces con antelación. La calle es ruidosa, el tráfico
pesado y Kristen no ha parado de llorar.
Entonces ella se aleja de
mí y me sonríe, se pone de pie y camina alrededor hasta llegar al
switch que prendé la luz de la sala. Camina hacia su habitación y se
demora lo que yo creo que son 15 minutos. Y sale maquillada, sin rastros
de humedad en su cara que muestren que ella lloró gran parte de la
tarde, vestida para la ocasión y agitando los dos boletos VIP’s +M&G
de nuestro ídolos. Se acerca a mí extendiendo su mano para ayudarme a
ponerme de pie. Con la dificultad de una persona que tiene las horas
contadas me levanto y antes de salir por la puerta me pregunta—¿Estás
listas?
No hay comentarios:
Publicar un comentario